lunes, 1 de diciembre de 2008

CRISTO, LA ESPERANZA FIABLE

Javier Peña.

X Congreso Católicos en la vida pública en la Universidad de CEU-San Pablo.


Que frías o cuán acogedoras pueden ser las escalinatas de una Universidad. El secreto está en la razón por la que subes por ellas y lo que esperas encontrar en aquél gran recinto. Entrar por las puertas del CEU-San Pablo se ha convertido, para mí, en un momento “mágico” y anhelado durante todo el año. Dentro, sólo espero sumergirme en una gran cordialidad y tocar la Verdad.

En esta ocasión, el encuentro se ha puesto sus mejores galas. Adornando la razón, iluminada por la fe. Se ha dejado guiar por el “apóstol de las gentes” de cuyo nacimiento conmemoramos el segundo milenio. Un año paulino para adentrarnos en la única esperanza fiable, de manos de quien se impregnó tanto en Cristo que se vació de sí mismo; para darle espacio a Él, a los otros.

Cuando nos refugiamos en la Cátedra del Saber, entramos en el recinto humano más sagrado, porque penetramos en el templo de la Sabiduría y damos un culto laical a Dios. Es lo que busqué y he logrado encontrar en el X Congreso Católicos y Vida Pública, cautivados por la esperanza.






Es la enorme diferencia entre un relativismo que carece de un origen y camina hacia ninguna parte, viviendo en la duda permanente, cuando no en un absoluto nihilismo, y la vida de un creyente que no solamente conoce todos los términos de la ecuación vital del hombre, sino que su esperanza está puesta en un ser que es encarnación del Dios Todopoderoso.

Cada año y éste con mayor motivo, nos desplazamos a Madrid y nos integramos con los nativos, con el propósito de encontrar al “hombre integral”, compuesto de cuerpo y espíritu. Al que no le vamos a preguntar: ¿qué es la verdad? Porque ya lo sabemos, es Jesucristo. Vamos, nada más y nada menos que a confrontar nuestro caminar, lo que cada uno haya recorrido para encontrarse con la Verdad. Vamos a percibir luz, para después transmitirla, asegurando que no se equivoca quien confía en Cristo, sea cual fuere su misión en este mundo. Vamos a recibir testimonios y a dar el nuestro, sabiendo que no hay “Templos del Saber” sin Dios. ¡Que hermoso es compartir, cuando se vive de fe y esperanza, porque entonces amamos y somos amados!

Javier Peña Vázquez * Málaga