sábado, 16 de febrero de 2008

El correcto ejercicio del derecho de huelga


Dibujo: La Justicia encadenada, por Enrique Fonseca


Con este artículo no pretendo exponer mi opinión doctrinal sobre el Derecho a la Huelga, art. 28.2 de la Constitución, sino analizar su ejercicio en la realidad. Antes de proceder quiero dejar claro que respeto profundamente a las personas que decidan libremente sumarse a una convocatoria de huelga, pero, a su vez, exijo el mismo respeto a las personas que no están de acuerdo o que no tienen nada que ver con el conflicto laboral. Por eso me molesta mucho el modo en el que se ejerce ese derecho constitucional mediante piquetes informativos que, en lugar de informar, coaccionan o molestan a terceras personas. Son vulneraciones sistemáticas de los derechos de personas que, por lo que sea, no tienen por qué soportar una huelga más allá de lo legalmente permitido. La función de esos piquetes tendrían que centrarse en literalmente informar y si tienen conocimiento cierto de que el empresario obliga a los trabajadores a acudir a su puesto, lo que tienen que hacer es adoptar todas las medidas legales oportunas, pero nunca insultar o impedir a compañeros que libremente deciden ir a trabajar.



Pues bien, en Asturias actualmente padecemos dos huelgas, la de los funcionarios de justicia y la de los trabajadores de la limpieza del SESPA (Servicio de Salud del Principado de Asturias). Con respecto a la última no tengo conocimiento directo sobre su desarrollo, pero, en cambio, conozco muy bien, por razones obvias, el de los primeros. Y, como expondré más adelante, puedo afirmar que se han pasado de la raya.



Me vuelvo a reiterar en que respeto los motivos que le han llevado a la huelga pero, de ninguna manera, estoy de acuerdo con su desarrollo. No se puede tolerar, no ya pasarle los servicios mínimos por el arco del triunfo, salvo lo relacionado con algunas actuaciones en materia penal, sino molestar e impedir realizar las mínimas gestiones a los usuarios de la Administración de Justicia con actuaciones como la siguiente:



1º Impedir registrar escritos en el Decanato en plazo, mediante colas artificiales de funcionarios, generando que precluya la posibilidad de realizar un acto procesal (art. 136 de la Ley de Enjuiciamiento Civil), como puede ser contestar a una demanda o preparar un recurso, dejando a la buena voluntad del Juez admitirlo fuera de plazo. Y si no lo aceptase, ¿quién resarce de los perjuicios al cliente, ellos o el Estado? Y aunque se le resarciera no es menos cierto que su cuantía se fijaría atendiendo a la pérdida de oportunidad.



2º Impedir a los usuarios, mediante el mismo sistema que el anterior, acceder al Registro Civil.



3º Tratando de impedir la celebración de juicios sin presencia de los oficiales de sala, es decir sólo con el Juez, el Secretario y las partes. Véase lo sucedido en los Juzgados de Primera Instancia nº 6 y 8 de Gijón.



4º La huelga provoca que personas que necesitan la pensión de su ex marido para subsistir no puedan cobrar; impiden practicar medidas cautelares que impidan, como es la función de esta institución, satisfacer, en caso de haber condena, los derechos de crédito; y también imposibilitan la ejecución, tanto definitiva como provisional de sentencias…



¿Acaso creen que esto perjudica a Bermejo? ¿Acaso creen que Bermejo va a ir al juzgado para algo? ¿Creen que Bermejo va a ir al Registro Civil para algo? Con esto quiero que se reflexione muy bien sobre a qué personas están perjudicando incumpliendo los servicios mínimos. Si hay algún funcionario de justicia que lea este artículo le pido que reflexione sobre lo que he afirmado, que piensen que sus medidas no perjudican al Ministro de Justicia sino a los ciudadanos, que además, si siguen con la huelga, van a conseguir la antipatía de los usuarios, y eso, al final, perjudica en la negociación con el Gobierno. Si quieren de verdad conseguir sus pretensiones imiten a la Pita, que siendo muy pocos, consiguen sacar de quicio a Vicente Álvarez Areces y a la FSA. Si, como digo, un centenar de funcionarios se ponen a perseguir a Bermejo acabarán por sacarle de quicio. Pero lo que sí pido a los huelguistas es que respeten a los demás.





José Enrique Carrero-Blanco